Cuando me siento perdida, siempre regreso a las letras… y escribo.
Porque es ahí donde me encuentro de nuevo. Donde le doy forma a lo que siento. Donde busco entender lo que no sé. Cuando escribo, entiendo aquello que por alguna razón se hace presente en mi cabeza y en mi corazón.
Hoy me encontré de nuevo con esa Gaby que tenía miedo… miedo al fracaso, miedo a equivocarse, miedo a la incertidumbre. Fue apareciendo de poco a poco, hasta que la vi de frente. Pero esta vez supe cómo calmarla, cómo abrazarla.
Por eso hago una pausa. Me permito sentir y detenerme de todo lo demás. Te repito… me repito: Está bien cambiar. Pero lo más importante: está bien detenerte.
Está bien no seguir la línea trazada por otros. Incluso está bien desdibujar la que ya habías diseñado. Solo Dios sabe cuál es tu camino; pero tú decides con qué actitud tomar el día a día. Y por más que lo intentes, no puedes controlarlo todo. No puedes planear 24/7. That’s life, homie!
Y no, no es tu historia como la de tus padres. No es tu historia como la de tu amigo, no es tu historia como la de tu compañera de trabajo, no es tu historia como lo que ves o escuchas de otros. Y eso está bien. Acompaña a las personas que quieres, aprecias y admiras. Acompáñalos en sus días buenos, y en los que no lo son tanto. Pero recuerda que no se trata solo de los demás. También tú tienes que soltar. Permitirte sentir, celebrar y dejar ir lo que pesa. De lo contrario, sigues cargando las expectativas y el qué dirán, y el “cómo se supone que debe ser”. Y vas sumando tanto, que dejas de ver que aún tienes mucho espacio para dibujar.
Vuelve a ti. Detente un momento.
Vuelve a escucharte y recuerda que no todo tiene que ir “bien”. También se vale decir “hoy fue más difícil que ayer”. Porque mientras haya salud, nada es el fin del mundo, aunque a veces, así lo parezca.
Las redes sociales hoy en día también nos complican el camino. Si escuchamos el ruido de afuera, olvidamos lo importante. Y lo importante es tu presente. Tu realidad. Tu familia, tu salud, tu círculo de apoyo, tus ratitos de descanso, tus momentos de paz. Eso es lo importante.
Recuerda que hacia atrás, nada. Tú decides tu actitud. Tú sigue andando. Todo te enseña si vas con el corazón abierto. Pero si vas mirando al lado, es muy difícil apreciar lo que te acompaña. Porque en esta vida, llevas más memorias y logros de los que recuerdas.
Así que te digo, me digo: si hoy fue un día gris, déjalo ir.
Porque sí has logrado mucho. Sí, has cambiado mucho.
Y sí… aún hay más por andar para escribir tu historia.
Respira hondo… y sigue.
